martes, 3 de abril de 2018

Ordos Museum

Ordos
Mongolia Interior - China

Situado en Ordos, en la Mongolia Interior, el nuevo museo da la impresión de ser el secreto mejor guardado de China. Absolutamente espectacular por su arquitectura, pasa desapercibido en el panorama cultural donde prácticamente no ha dejado
referencias.

Una explicación puede ser el lugar donde se encuentra. Mongolia Interior no es precisamente una localización de paso para los aficionados al viaje y menos aún para los amantes de los museos.
Y Mongolia Interior tampoco es lugar que destaque por su patrimonio en eso que entendemos como obras maestras de la cultura. Ni Rembrandt ni Andy Warhol brillan con sus obras aquí.

Empecemos por decir que Ordos es -o está siendo- una nueva ciudad. Una ciudad plantada en el desierto, como Brasilia lo fue en mitad de la selva. El desierto de Ordos, que así se llama, necesitaba una ciudad que se levantó en el 2001 y que cinco años más
tarde rondaba los dos millones de habitantes. En China todo es grande y todo obliga a planificar de cara al futuro. De ahí que hiciera falta un espacio donde conjugar el pasado nómada y yermo, de tradiciones muy antiguas, con un futuro que no debía perder de vista lo
que ha sido una realidad muy reciente. El museo de Ordos es hoy un museo para la 'transición' y la idea es que dentro de poco se convierta en el contenedor de unas señas de identidad que sirvan para recordar un modo de vida arrollado por el progreso y destinado a
una rápida desaparición.

Hoy el museo es sobre todo el resultado de un brillante ejercicio de arquitectura. El edificio que lo alberga sorprende por su atrevimiento y su modernidad. Y sobrecoge por su tamaño. Desde el exterior se diría un objeto
imposible venido de otro mundo y desde el interior se percibe más como el resultado de un espectáculo realidad virtual que como un espacio material, que se puede tocar con las manos y cuya realidad no pertenece al mundo de la ficción.

Impresionante,
espectacular, insólito... son los adjetivos que mejor definen al museo. Son adjetivos de uso corriente, pero en este caso corren el riesgo de quedarse cortos porque el museo de Ordos desborda todo lo esperable incluso tratándose de China.

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martes, 13 de marzo de 2018

Spyscape


928  8th Ave (esquina 55th St)
Nueva York – EE.UU.

spyscape.com

La mente no descansa en lo que se refiere a buscar oportunidades de negocio y en dar pasos más allá de lo que hasta el momento daba de sí nuestra imaginación. ¿Hablamos de innovar y de abrir nuevas posibilidades al consumo?

Nueva York es el mejor escenario para ello porque el dinamismo y la experimentación de novedades forman parte de su ADN. Ahora, y pensando en cómo llenar los momentos de ocio, acaba de estrenar un entretenimiento con ingredientes nuevos. En una sociedad ávida de experiencias propone una más para ensanchar el horizonte de quienes viven en la ciudad.

Si de un tiempo a esta parte empezaron a proliferar esas aventuras de caer en un encierro -benigno- sin escapatoria a menos que a base de intuición y talento el jugador vaya descifrando las claves que abren los cerrojos de su prisión, ahora el escenario cambia de
horizontes y se traslada al inquietante mundo de los espías.

Ha sido necesario que las ‘series’ pusieran al corriente a la población de los vericuetos y retorcidas mentiras de ese mundo para que todos sepamos de las
amenazas que planean sobre quienes entran en él y de las intrincadas maniobras precisas para deshacer el ovillo que lleva a sobrevivir. Pero también para conocer cómo se encuentran atrapados en las redes y envueltos en las
‘operaciones’ del espionaje quienes ni siquiera sospechan tener nada que ver con los espías.

Desarrollar tus habilidades como espía y descubrir tus capacidades para participar de este mundo es lo que propone Spyscape desde el momento en que traspasas
la puerta que separa el mundo de la calle del de los espías. Instrucciones -no confiar en nada, aprender a mentir…- aparatos utilizados por los espías a lo largo del tiempo, información sobre casos reales y mucho más se expone en lo que se
plantea como un museo de nueva generación. Y por supuesto, ropa y objetos varios para el recuerdo se ofrecen en la tienda para quienes deseen empezar a equiparse.

Si quieres vivir la aventura del mundo de los servicios secretos y conocer el espía que llevas dentro, Nueva York te ofrece desde ahora la oportunidad. No te la pierdas.

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martes, 13 de febrero de 2018

Escalera de caracol en las montañas Taihang de Linzhou


Linzhou - Henan - China

China trabaja duramente en convertir su país en un destino turístico, tanto para sus propios ciudadanos como, para quienes la visitan desde el extranjero. Su variada naturaleza es seguramente lo más sencillo a destacar porque sus paisajes espectaculares son muchos.

Pero el viajar exige ahora cierta dosis de ‘experiencia’ y la adrenalina es un buen aliño para dar emoción a cualquier aventura. En Linzhou, en la provincia de Henan, los montes Taihang se elevan dejando a la vista paredes verticales
de imponente presencia. El asunto está en que, desde el suelo, resulta difícil darse cuenta de la monumentalidad del desplome que se produjo al formarse las montañas y también imaginar las sensaciones que se generan al recorrer, paso a paso, esa caída a pico de la pared.

Una escalera de caracol de prácticamente cien metros asciende en vertical paralela al muro para seguir, de abajo a arriba, un buen tramo del mismo, con la mirada puesta tanto en el detalle de la roca como en el amplio paisaje que se va abriendo a medida de
progresa la ascensión.

Una vez arriba, una pasarela enlaza con el sendero que discurre al borde de la roca. Un sendero que resulta un buen complemento para añadir emoción a la experiencia de subir por la escalera, en caso de que la aventura no
haya sido suficiente.
Por supuesto, el ascenso no es recomendable para quienes padecen de vértigo y como el rescate tampoco debe ser fácil las autoridades ponen problemas a que suban las personas mayores de sesenta años.

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jueves, 1 de febrero de 2018

Musée Yves Saint Laurent - Marrakech


Rue Yves Saint Laurent
40090 Marrakech
Maroc

www.museeyslmarrakech.com/

Marraquech es una ciudad cargada de mitos y sofisticación. Para muchos es la última gran ciudad antes del desierto. Pero tal vez habría que decir que es la primera capital después de esa especie de mar que es el Sahara. Como en tantos países,
las novedades, la nueva savia de la que se han alimentado llega desde el mar. En Marruecos ha llegado a través del desierto llevada por tribus cuya energía irradió desde Marrakech hacia el norte.

La llamada de Marrakech, su secreta energía, la sofisticación de ese silencio que procede del desierto ha penetrado en Europa precisamente allí donde la sofisticación es un signo de identidad. Los propietarios de Yves Saint Laurent, la marca de lujo
asentada en el mundo de la moda, abrieron en la ciudad un museo en un edificio de nueva construcción donde dejar su huella.

Todo empezó en 1980 cuando comprraron el Jardín Majorelle. Jacques Majorelle, pintor, francés, dedicó
cuarenta años a crear un bello jardín donde el sonido del agua discurriendo por pequeñas acequias, la sombra de árboles exóticos, el color de las flores, la fragancia de las hierbas olorosas y la arquitectura morisca del palacete pintado del azul intenso que utilizan
los moradores del Atlas crean un entorno casi mágico. Los nuevos propietarios recuperaron el jardín, en riesgo de desaparición, y crearon un museo bereber donde conservar excelentes muestras de las artes tradicionales del lugar.

Luego vino el museo importante, un edificio nuevo donde exponer la colección permanente de trajes y bocetos creación de Yves Saint Laurent y donde presentar exposiciones temporales de fotógrafos que trabajaron con Yves Saint Laurent y de
obras de artistas en línea con el espíritu de la Fundación que ampara la iniciativa entera.

Yves Saint Laurent y Pierre Bergé -cofundador de la marca de moda, industrial y mecenas- descubrieron Marrakech y se enamoraron
de la ciudad. Quedaron seducidos por su encanto. Percibieron el riesgo de que se perdieran piezas importantes de su tradición y emprendieron una vasta labor de recuperación. En el Museo Yves Saint Laurent y el Jardín Majorelle han dejado su decisiva impronta.

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